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billy the kid, boni and clay, Bonnie and Clyde, diversión, Orgías, porno, sexo, The Pursuit of Happines
Me muero, puta madre. Estoy hecha un asco. Llevo como media hora en la tina, calata, sin poder moverme. La luz del sol entra por la ventana y perfora lentamente mi cerebro. En cualquier momento me derretiré como la Bruja del Sur, o me incendiaré como un vampiro. Boni estira la cabeza en dirección al piso de loseta con la intensión de vomitar. Tiene arcadas, llora, gimotea, se retuerce. Putea un rato, pero no logra hacerlo. Al final, levanta la cabeza y mira el baño. La loseta blanca está cubierta de un vómito espeso, que se ha empezado a secar debido al calor.
¡Qué asco!, ¿todo esto es mío?, se pregunta Boni. Luego se da cuenta de que no hay agua en la tina. Está mojada, pero es sudor. No sabe si llegó a abrir la llave del agua, pero estas alturas ya no importa. En su cabeza, un ejército de soldados marcha al ritmo de La Macarena. No lo soporta y se queja. Mira largo rato su pubis bien depilado y se vanagloria. Tengo talento para esto, murmura. Sus uñas color rojo frambuesa combinan con la cortina del baño, que está llena de hongos y a medio caer. Durante un rato tiene la sensación de que hay alguien detrás, que alguien la está espiando.
¿Dónde estoy?, se pregunta por primera vez. De pronto, suena un timbre. Me asusto, trato de ponerme de pie, pero es un caso perdido. Me conformo con jalar la cortina y taparme lo que puedo. La cara y las tetas. Hola, me llamo Boni y trato de salvar lo poco que queda de mi dignidad. Entonces entra alguien, habla por teléfono, pero no le entiendo. Meto la panza y solo alcanzo a ver los pies de esa persona que, con mucha cautela, esquiva los vómitos, se sienta en el escusado y mea.
Pio, pio, pio, pio, pio, pio, pio, pio, pio, es todo lo que escucho. ¡Pío! ¡Pío! ¡Pío! Mientras hace: pissssssss. Asomo un ojo y veo a una chica linda, pelirroja, que está sentada en el escusado y hablando por el celular. Se mira las uñas y apenas me presta atención. Cuando termina, arroja el aparato a la basura y yo le digo: Amiga, ¿qué hora es? La Pajarita hace un gesto de sorpresa y sonríe. Tía, tú sí que estás hecha un desastre. ¡Joder! Te has pasao dos pueblos… Con razón nadie te encontraba, has venido a esconderte acá. ¡Pero qué morro tienes! Saca la cabeza y grita: ¿quién quiere ver a Boni en pelotas?
Todo fue culpa de Billy. Estábamos celebrando el Año Nuevo Chino en Vale Todo, cuando conoció al barman. Alto, agarrado, barbita de camionero. Nadie sabía qué hacía un tipo así en la barra, pero ahí estaba, en todo su esplendor. Billy le había prometido llevarlo a la Calle Capón y enseñarle La Serpiente. Así que el tipo, encantado, no paraba de darnos tragos gratis. Boni pasó por su rato de euforia, luego por su etapa pre menstrual, en la que se deprimió un poquito en el baño, para después regresar con la Pajarita Vasca y decidir que serían mejores amigas forever. Bailaron, fingieron el cumpleaños de Clay y se subieron al escenario con las Mariconcitas del Sabor.
Entonces todo se vuelve borroso. Recuerda un taxi, una pelea, manchas de sangre. Sabe que en algún momento se quitó la ropa. Sospecha que fue antes de meterse a la tina, pero no encuentra sus prendas. La Pajarita Vasca sigue sentada en el escusado, se ha puesto un calzón transparente y sostiene una botella de cerveza. Se ríe, pero Boni no termina de entender por qué. Por un momento todo le parece un sueño. Se pregunta por Clay. Siente un nudo en la garganta. ¿Dónde estará mi Príncipe Azul?
Abajo hay risas, ruido de botellas, cosas que se rompen. Se escucha también el rechinar de las escaleras, porque alguien sube. Boni está al borde de las lágrimas, reza porque sea él. ¡Clay!, ¡Clay!, ¡Clay!, repite como invocando a Beetlejuice. Por fin aparece, tiene un corte en la ceja, la camisa manchada de sangre y una sonrisa que le dice: estoy dopado y tengo tres puntos, pero aquí no pasó nada. La Pajarita Vasca se sigue riendo, el celular vuelve a sonar desde el basurero y ella solo dice: pío, pío, pío.
Clay arranca lo que queda colgado de la cortina mohosa, me envuelve como un creppe y me lleva en sus brazos por toda la casa. En ese momento, me siento como Whitney Houston al final de El Guardaespaldas. La gente nos mira y aplaude. Aquí todos siguen bailando, hay cervezas por todos lados. Soy la coneja más afortunada del mundo. Billy se asoma colgado del barman, desde la puerta de una habitación, borracho de felicidad, y nos grita: ¡Se ven tan hermosos, los amo! Ya casi en la calle, le digo a Clay: ¿Ya viste?, mis uñas combinan con la cortina…
